Pensamiento Soberano

Manuales de intervención y expoliación contra Venezuela

Están pronto a cumplirse los 400 años de la decapitación del pirata, corsario, cortesano y escritor inglés Sir Walter Raleigh, mejor conocido como Guatarrali. En sus andares de pirata de oficial de la Reina Virgen Isabel I, incursionó varias veces en el gran Orinoco, siendo repelido por nuestros gloriosos fundadores de Angostura. Fue Guatarrali quien redactó el primer gran manual de intervenciones y expoliaciones de los territorios guayaneses que nos pertenecen. Su libro “El descubrimiento del extenso, rico, y bello imperio de Guayana”, ha sido texto de consulta del almirantazgo británico y libro de cabecera de muchos reyes anglosajones para sustentar sus pretensiones sobre nuestro territorio. La teoría del “Espacio Vital” formulada siglos después por Adolfo Hitler para la expansión territorial por todo el mundo del Tercer Reich, tiene mucho de las alucinaciones auríferas de las que fue víctima el pirata inglés. Ahora como antes, Estados Unidos (EEUU) está en la misma tónica de echarle guante a Venezuela al mejor estilo de los führers, piratas y corsarios de antaño, ahora con la conspicua colaboración de Sir Julio Borges, Lady María Corina Machado Parisca, Sir Freddy “Cannabis Sativa” Guevara, Sir Henry Ramos Allup, y otros nobles encarnecidos promotores de la intervención y medidas de hambre contra su propia gente. Ahora por supuesto los manuales de la Central de Inteligencia Norteamericana (CIA) son mucho más sofisticados y oligarquías como la colombiana se prestan para el sucio juego de la guerra contra Venezuela.

Estados Unidos de Norteamérica y la Guayana Esequiba

La política exterior de los Estados Unidos siempre ha tenido en la mira a Venezuela e indirectamente ha intervenido en nuestro territorio, no solamente cuando el general Juan Vicente Gómez le dio el golpe de Estado el 19 de diciembre de 1908 al general Cipriano Castro y la armada yanqui colocó dos barcos de guerra en La Guaira para prestarle apoyo al usurpador, ni cuando a raíz de la tragedia en el estado Vargas de 1999, pretendía desembarcar tropas con un pretendida “ayuda humanitaria”. No mucho antes hay otras demostraciones de esa sed de “estar en todo” de los gobiernos del país imperial. Un caso concreto se sucede cuando el mal llamado Tratado de Washington del 2 de febrero de 1897, referente a los límites entre nuestro país y la Guayana Inglesa.

Pero antes hagamos historia. Un experto en límites y camorras derivadas de estos fenómenos lo era el diplomático ruso Federico Martens, profesor de Derecho Internacional de la Universidad de San Petersburgo, en el imperio de los zares y que para congraciarse con otra nación imperial habría de publicar en 1879, en francés, una obra titulada Rusia e Inglaterra en Asia Central, reproducida con testimonio de refutación del doctor Héctor Gross Espiell en Caracas, 1981, porque nuestro país demostraba al mundo que el Tratado de Washington, ya citado, era írrito y más aun el Laudo Arbitral de París sobre los límites de Venezuela con la Guayana Británica del 3 de octubre de 1899.

La cavilante política exterior de Venezuela entre los años 1885 y 1896 fue nefasta. Por sugerencia de Estados Unidos se designó un diplomático caraqueño, el señor José Andrade, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de Venezuela en ese país, mientras a su vez Inglaterra designaba a su embajador, Sir Julián Pauncefote, estos firman un tratado el 2 de febrero de 1897 que comienza así: “se nombrará inmediatamente un Tribunal Arbitral para determinar la línea divisoria entre Venezuela y la colonia de la Guayana Británica“.

El mal oficio de EEUU

Lo más grave y donde se ve el doble fondo canalla de Estados Unidos, es que el Tribunal fue compuesto por cinco juristas: dos estadounidenses a favor de Venezuela, nombrados por el presidente, a saber el honorable Melville Weston Fuller, quien representaba a la “Justicia Mayor de los Estados Unidos De América”, y otro que representaba a las “Justicias de la Corte Suprema de los Estado Unidos de América”, a saber el honorable David Jossan Brewer, quienes eran los “dos de parte de Venezuela” y dos por Gran Bretaña, el Barón Herschell y Sir Richard Henn Collins. El primero murió pronto y fue sustituido por el honorable Barón de Killowen, Charles Rossell.

Estos cuatro personajes, dos gringos por Venezuela y dos ingleses por Gran Bretaña nombrarían, de mutuo acuerdo, un quinto juez, que sería su excelencia Frederic de Martens, consejero privado y miembro prominente del Consejo del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, y todo listo para favorecer a Inglaterra. Según la más elemental apreciación, y en el discurso que pronunció Martens como presidente del Tribunal, el 3 de octubre de 1899, tuvo la desvergüenza de elogiar la sentencia tomada por unanimidad que había sido “lograda fraudulentamente”.

La Doctrina Monroe, de por sí peligrosa, usada a favor de otro imperio como Inglaterra resultó en la expoliación de nuestro territorio. Todo esto con la celestina anuencia del agente internacional zarista Martens que debe haber cobrado suculentos honorarios.

Martens acordó favorecer con una ventaja común a Rusia en el Asia Central y al país británico, con la complicidad de los Estados Unidos en la tolerancia de los mecanismos infamantes, pues desde “que se hizo público el tratado convenido entre Inglaterra y los Estados Unidos para someter a arbitraje nuestros límites guayaneses” se vio la falta de transparencia, puesto que el Tratado era vergonzoso para el honor de Venezuela por la forma de su negociación. Venezuela fue tenida al margen del asunto como si fuera un Estado semi-bárbaro o semi-salvaje.

No puede olvidarse que Bayard, Embajador de los Estados Unidos en Londres, que había sido secretario de Estado de los Estados Unidos entre 1886 y 1887 y supuestamente debía defender los intereses venezolanos, en carta al presidente Cleveland del 5 de diciembre de 1896, decía que “nuestra dificultad está en el carácter completamente indigno de confianza de los gobernantes y del pueblo venezolano, lo que da por resultado una responsabilidad indefinible y por lo tanto, peligrosa por el manejo por ellos de sus propios asuntos”.

Y esta es la misma tesis, la misma flagelación inmoral que han sostenido los Bush, Barack Obama y el actual Donald Trump, con respecto a nuestra Revolución Bolivariana y socialista.

Para complementar es bueno copiar unos párrafos de la exposición del profesor doctor Héctor Gros Espiell:

“El tratado firmado en Washington el 2 de febrero de 1897 entre Gran Bretaña y Venezuela, por Julián Pauncefote y José Andrade, cuyas ratificaciones fueron canjeadas en esa misma ciudad el 14 de junio de 1897, pretendió poner fin, mediante el recurso al procedimiento del arbitraje, a la ya entonces antigua disputa existente entre los dos países con respecto a la frontera oriental de Venezuela.

Pero esa diferencia, cuya solución fue negociada primeramente en forma bilateral por los dos países interesados, pasó a ser, hacia 1886, objeto de la acción diplomática de los Estados Unidos, que invocaba al respecto la Doctrina Monroe. Desde ese momento, pero en especial a partir de julio de 1895, en que el asunto adquirió una virulencia que hizo pensar por un momento en la posibilidad de un conflicto entre Gran Bretaña y los Estados Unidos, la cuestión fue objeto de negociación en la que los Estados Unidos exigía que la cuestión fuese sometida a arbitraje. Fue como resultado de esta negociación, y particularmente de los intercambios de notas habidos entre noviembre de 1895 y enero 1896, que se elaboró el Tratado de Washington, a cuya redacción el gobierno de Venezuela, que había roto relaciones con Inglaterra, fue totalmente ajeno, ya que sólo hubo limitaos e intermitentes contactos entre Washington y Caracas durante el proceso de preparación del texto”.

Así es como tratan los gobernantes gringos nuestros asuntos de Estado, y es bueno recordarlo ahora que durante las sesiones de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), anunció el presidente Nicolás Maduro Moros, que nuestra cancillería sostendrá conversaciones con el representante de Noruega, Dag Nylander, quien es el buen oficiante de la ONU para resolver el conflicto territorial entre nuestro país y Guyana sobre el Esequibo. Ello nos ha movido a ir al pasado y hacer algunas consideraciones, ya que nuestro jefe de Estado ratificó los criterios históricos y exploró las iniciativas para crear confianza entre los gobiernos y los pueblos de Guyana y Venezuela para avanzar en el cumplimiento del Acuerdo de Ginebra, firmado en 1966.

f/mazodando.-

 

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