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Venezuela: ¿Crisis humanitaria o guerra económica con fines políticos?

VENEZUELA

“Venezuela se ha convertido para la mediática internacional en un foco continuo de atención, no precisamente para decir al mundo la verdad, sino para silenciarla. La prueba es que en el 2017 los medios publicaron 3880 noticias negativas sobre Venezuela”.

Venezuela, su pueblo, su territorio, todos los que aquí habitamos vivimos la zozobra cotidiana de las amenazas externas de los países que detentan la hegemonía mundial y la dolencia que genera la traición de los propios connacionales que se han prestado para pedir intervenciones y últimamente hasta un bloqueo económico.

En Venezuela hay escasez y esta es multifactorial. Uno de esos factores que ocupan el primer lugar para generar la crisis es la guerra económica con fines políticos. Como consecuencia de la guerra económica la escasez de productos básicos para el consumo humano, uso personal, medicamentos e insumos de uso diario en las áreas de transporte e industria. Por ley elemental de economía sabemos que al escasear un producto de uso común da como consecuencia una demanda que supera la oferta del mismo. En esa debilidad se han enganchado los enemigos internos y externos del Gobierno venezolano.

En esta coyuntura juegan grupos económicos que no aman la Patria y actúan generando opinión pública internacional al punto que ya las industrias fabricantes de noticias han vendido al mundo como verdad la mentira de una dictadura que tiene al pueblo pasando hambre y miseria. Lo que sí es verdad es que en esa “dictadura” hemos tenido tres procesos eleccionarios transparentes en menos de seis meses.

Interrogantes

¿Cómo puede ser que un gobierno legítimamente constituido dentro de un “estado democrático de derecho y de justicia” como señala nuestra Constitución, sea tan torpe políticamente como para generarse a sí mismo una situación de escasez que automáticamente se revierte contra el propio gobierno?

Si reconocemos que hay escasez en Venezuela y no es producto de una decisión deliberada del gobierno entonces ¿cuáles son las causas?

Desenmascarando las causas

La primera evidencia es que de las empresas trasnacionales que producen para el consumo venezolano ninguna se ha ido del país, ninguna reporta pérdidas ni tampoco manifiesta que ha dejado de funcionar. Eso es fácil constatarlo visitando sus propios sitios WEB. Entre otras podemos mencionar a Procter & Gambler de Venezuela, Jhonson & Jhonson de Venezuela, Colgate, Cargill de Venezuela, Polar, etc.

Estas empresas son las responsables de producir, importar y distribuir bienes que ellas no están colocando de forma regular, oportuna y suficiente en los establecimientos formales.

Para referirme a estas trasnacionales que han monopolizado el mercado en Venezuela citaré a la Profesora Pascualina Curcio investigadora del fenómeno económico venezolano: “estas empresas, no solo están funcionando, sino que en sus informes anuales, ninguna de ellas, como empresas subsidiarias y filiales de grandes transnacionales, ha reportado pérdidas operativas en Venezuela. La mayoría ha recibido divisas preferenciales por parte del Estado y gozan de innumerables beneficios otorgados por el Estado venezolano.

Adicionalmente cuentan con un mercado cautivo y exclusivo por su condición de monopolios, con compradores que hacen largas filas para adquirir sus productos y sus marcas, productos que éstas, no colocan en los anaqueles de las farmacias ni venden al sistema público nacional de salud, pero que, sin embargo, los compradores se ven obligados a pagar con sobreprecio en los mercados ilegales”.

Lo anterior nos lleva a constatar varios factores evidentes:

Que en Venezuela consigues los productos de la cesta básica pero en el mercado informal o lo que en Venezuela se conoce como “bachaqueros” una especie de contrabandistas internos. Hasta sitios Web como mercadolibre.com y las redes sociales se han convertido en vitrinas para ofrecer artículos que no se encuentran en el mercado formal. Esto genera una inflación exagerada y las colas infinitas que tanto sufrimiento causan al pueblo para poder adquirir lo mínimo de un producto en los mercados formales si es que lo venden. Conclusión: si los productos se consiguen es porque alguien los elaboró o los importó y con intenciones políticas no los colocan en los comercios informales desviándolos a los mercados informales para así generar malestar y desconcierto en la población debido al escandaloso abuso inflacionario.

En Venezuela no hemos tenido fenómenos naturales como terremotos, huracanes o inundaciones; tampoco hemos sufrido guerras. En los dos casos antes mencionados las fábricas, el comercio formal, la electricidad, el agua, los servicios de salud, etc. quedan arrasados y sin posibilidad de que las personas puedan acceder a bienes y servicios. En relación a los servicios públicos, estos han sufrido ataques en algunas regiones por violencia interna, que responde al mismo fin político de derrocamiento del gobierno, sin embargo el mismo estado se ha encargado de reparar los cuantiosos daños. Si tal es el panorama venezolano, razón tenía el Comisionado de la ONU y experto en temas de Derechos Humanos, Alfred de Sayaz para afirmar recientemente después de su visita, que no existe una crisis humanitaria en Venezuela “puede que exista zozobra, angustia, inseguridad y, en algunos sectores, hay una grave escasez”.

Y agregó a Telesur que el término “crisis humanitaria” ha sido usado en otros países como excusa para justificar invasiones.

En Venezuela, no olvidamos aun, que cuando sucedió el deslave en el Estado Vargas (15 de diciembre de 1999), catalogado como “La Tragedia de Vargas” pero que en definitiva no era el país entero sino un evento natural focalizado en una región costera del país, a los pocos días estaban varios barcos con bandera estadounidense frente a las costas venezolanas para ofrecer ayuda humanitaria. En ese momento el Presidente Chávez rechazó la ayuda y hoy, ahí tenemos al estado Vargas de pie, con toda su infraestructura recuperada y sin necesidad de la dudosa “ayuda humanitaria de Estados Unidos” que luego se traduce en ocupación prolongada sin fecha de retorno.

En el último informe publicado por la Organización de Naciones Unidas, a través del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), de fecha marzo de 2017, Venezuela muestra un índice de Desarrollo Humano, alto (0,751), ubicándonos en el puesto N° 71 de 188 países. Por encima de México, Perú, Colombia y Brasil.

Por otra parte, La CEPAL también organismo de la ONU, en un informe publicado en mayo de 2017 afirma que Venezuela es y sigue siendo el país menos desigual de América Latina. ¿Cómo se explica entonces que haya crisis humanitaria en un país con un índice de desarrollo humano alto y el menos desigual de América Latina?

El dólar paralelo o mal llamado “dolartoday” “dólar Cúcuta” o “dólar de guerra” se traduce en Venezuela como “la estafa del día” Es tanto como preguntarle a los comerciantes ¿a cómo estafas hoy? El dólar paralelo es un mecanismo perverso operado por venezolanos enemigos de su patria desde los Estados Unidos con el apoyo y la complicidad del gobierno colombiano. Es una distorsión del valor de cambio del dólar en la frontera colombo-venezolana con respecto al bolívar pero se ha convertido también en una tortura para los consumidores venezolanos. Si el Papa Francisco cataloga la economía actual como “una economía que mata” esta que nos imponen desde dólartoday es criminal y genocida.

El cambio oficial al 30 de septiembre de 2017 de la moneda venezolana, según informes del Departamento del Tesoro de Estados Unidos era de Bs 3.345,00 por un dólar, mientras el dólar Cúcuta lo distorsiona al día de hoy en 168.469,65 lo que equivaldría a un incremento del 1684,69 % . A esa tasa han elevado de modo indolente los especuladores en Venezuela el precio de los artículos de primera necesidad. De ese modo si un kilo de carne te cuesta 2 dólares es decir 6690,00 cuando te lo ofertan a dólar de guerra te puede costar 336939. Es un tipo de cambio para el que ni la economía más ortodoxa tiene explicación porque es producto de la manipulación con fines políticos. Busca ahogar al pueblo venezolano de hambre y por esa vía convencerlo para que desista del proceso de cambios que, con el socialismo bolivariano del siglo XXI ha decidido darse.

Ese mecanismo perverso de ataque a la economía es al mismo tiempo caldo de cultivo para el contrabando de alimentos, artículos personales, gasolina y hasta el papel moneda venezolano es traficado como contrabando hacia Colombia. Venezuela se desangra por las fronteras con Colombia bajo la mirada complaciente del gobierno de ese país. El Presidente Santos habló hace semanas de establecer un canal humanitario hacia Venezuela. Postura hipócrita, pues canal humanitario hay desde hace años desde Venezuela hacia Colombia ya que la frontera colombiana sobrevive gracias al contrabando que sale desde Venezuela dejando sin productos a la población.

Los “sesudos” analistas

Venezuela se ha convertido para la mediática internacional en un foco continuo de atención pero no precisamente para decir al mundo la verdad sino para silenciarla. Prueba de ello es que en el 2017 las trasnacionales de la comunicación publicaron 3880 noticias negativas sobre Venezuela. Difícilmente encontraremos un país más agredido tanto económica como mediáticamente.

Sin embargo cuando leemos algunos análisis de coyuntura de quienes se creen expertos en análisis político y económico, pareciera que están hablando de un país que vive flotando en una burbuja de cristal aislado del concierto internacional de las naciones. Cualquiera que lee esos análisis cree que el único culpable es el gobierno de Nicolás Maduro. Allí el lector no encontrará jamás la injerencia internacional como móvil absoluto. No existe el nefasto decreto de Obama al declarar a Venezuela una amenaza inusual y extraordinaria, no existe el dólar Cúcuta desangrando al pueblo, no existe el gobierno colombiano como cómplice e injerencista agresivo que viola el más elemental derecho internacional al inmiscuirse en la vida soberana de un país como Venezuela, no existe el descarado contrabando de todo lo que produce Venezuela hacia Colombia. Existen los venezolanos que han atravesado la frontera hacia Colombia que son una minoría pero no existen en dichos comentarios los seis millones de colombianos que acogió Venezuela durante décadas desplazados por la guerra interna y el hambre en el vecino país.

Tampoco existe para los sesudos analistas la guerra económica representada por el bloqueo que decretó Donald Trump en agosto pasado, menos aún toman en cuenta en los análisis pobres a un grupo de países latinoamericanos enemigos de Venezuela que sin un mínimo pudor diplomático se reúnen abiertamente para tramar más agresiones en contra nuestra como si no les bastaran las ya perpetradas. Tampoco existe en los análisis la política orquestada de las calificadoras de riesgo que, a pesar de la puntualidad de Venezuela en pagar su deuda externa, le suben indiscriminadamente el Riesgo País (RP) para poder desangrarnos con los intereses cuando tenemos que hacer transacciones internacionales o también para negarnos el derecho a adquirir bienes y servicios (en palabras sencillas: siendo honestos nos han difamado como “mala paga”).

Y no existe tampoco para los agudos analistas la guerra mediática internacional que difama y destruye al gobierno venezolano. Nada de eso existe porque su obsesión en favor de los países hegemónicos los ha cegado tanto, que son capaces de mentir impunemente y vender la patria por un plato de lentejas. Pues ha sido tan miserable la conducta de algunos venezolanos que hasta han salido al exterior a implorar a Estados Unidos y a la Unión Europea para que bloqueen nuestra economía y luego esos mismos personajes catalogan tal acción como un acto de heroísmo.

Estas son las verdades que, entre otras, quiero seguir gritando al mundo desde Venezuela, basta de tanta difamación, basta ya de las 3.880 noticias negativas publicadas por los mercenarios de las grandes franquicias de la comunicación mundial ¿les parece poca difamación?
Amo a mi patria, amo a mi pueblo y en conciencia soy incapaz de callar estas verdades, el mundo debe saberlas.

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